domingo, 12 de marzo de 2017

Colosenses 3:13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

¡Qué importante es qué cada día analicemos nuestra vida a la luz de la Biblia, la Palabra de Dios!
Seguramente cada uno de nosotros desea ser perdonado por Dios; y de echo si nos arrepentimos de corazón de nuestros pecados, Dios por medio del sacrificio en la cruz de Jesús, nos perdona. 
Pero cuán difícil se hace muchas veces perdonar a los demás. Queremos ser perdonados, pero nuestro orgullo y dolor no nos deja perdonar a quien o quienes nos han ofendido y lastimado.
Si Dios siendo Dios, nos perdona a través de su Hijo Jesucristo...¿quiénes somos nosotros para creernos más que Dios y no perdonar?
La falta de perdón es una semilla que germina en nuestro corazón y que a su vez trae raíz de amargura, dolor, pelea, división, soledad, muchas veces de enfermedad, de venganza, culpa, rencor, resentimiento, etc.

Y no me estoy refiriendo a aquellas personas que padecen violencia y que piensan que deben perdonar y volver a ponerse bajo el maltratador. Dios no acepta la violencia y no desea eso para tu vida. Sino me estoy refiriendo a que perdonar es una actitud de corazón y un mandato de Dios. (Si padecés violencia llamá al 144 línea gratuita en Argentina)

El perdonar es liberador, es soltar en las manos de Dios.

Tolerarnos, perdonar, amor, respeto, empatía, gozo, paz, fidelidad, etc. son palabras que de continuo debemos practicar.

Dejame guiarte en oración:

Dios en el nombre de Jesús te entrego mi vida ahora. Me arrepiento de cada uno de mis pecados y recibo a Jesús como mi Salvador personal.
Espíritu Santo te necesito, necesito de tu poder para vencer.
Amado Dios, en el nombre de Jesús decido en este día perdonar a .................
.............., me declaro libre de toda falta de perdón. Jesús vos sos mi abogado y en vos espero mi victoria para esta situación.
Renuncio ahora en el nombre de Jesús a toda tristeza, toda amargura, toda impotencia, toda soledad, todo deseo de venganza, a todo resentimiento, orgullo, odio, apatía y todo pensamiento de muerte.
Levanto mis brazos al cielo y comienzo ahora a recibir la presencia del Espíritu Santo en mi vida, esa presencia que rompe todo yugo de esclavitud y me llena de poder y amor, en el nombre de Jesús. Amén. (Así sea)